Siempre he sido una persona muy propensa a la lectura. Desde
pequeña, lo único que siempre pedía como regalos eran libros, está claro que
podía pedir algún que otro juguete o ropa, pero los libros nunca faltaban.
Siempre eran y son, esos regalos que conseguían realmente sacarme una sonrisa.
Para muchos puede que sean regalos comodín, para mí, son lo mejor que existe.
Cuando era pequeña leía, leía mucho, no entendía porque me gustaba
tanto leer, simplemente era feliz leyendo. Ahora lo entiendo, hace unos cuantos
años que lo empecé a entender. Todas esas sensaciones, sentimientos y vivencias
que solo los libros pueden crear.
La mayoría de la gente no aprecia realmente todo lo que un
simple libro, la lectura de un capítulo o una frase puede dar a una persona.
Hay libros que cambian vidas, la forma de pensar de una persona o la forma de
ver las cosas. Tienen la capacidad de
hacerte reír pero también llorar, sufrir como si fueras uno más de los
personajes y lo más divertido de todo, vivir en cualquier época y cualquier
ciudad. Si no fuera por los libros, muchos de nosotros no conoceríamos la mitad
de las cosas y sitios que conocemos ahora, les debemos mucho a esos pequeños
amigos llamados libros.
Por todas esas cosas y más, admiro a los escritores. La
capacidad que tienen de transmitir, pocas personas pueden decir que pueden
hacerlo. Puedes escribir perfectamente, inventar historias que sorprendan, pero
para mí es fundamental que transmitan cosas, si un escritor no sabe transmitir
a partir de sus escritos todas las sensaciones que ese personaje tiene, su
tristeza o alegría, incluso el amor por su familia, entonces aun tiene que
mejorar. Porque para mí, lo que más disfruto leyendo es cuando puedo ponerme en
la piel del personaje, es como vivir otra vida, olvidarte de todo lo tuyo, tus
problemas y preocupaciones y simplemente disfrutar de la historia de ese
personaje.


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